Es uno de los sloganes más repetidos en camisetas de medio mundo, ya sea vestido por muchachas decididas a gritar a los cuatro vientos su condición o por cenutrios que siguen haciendo el mismo chiste ya pasado de moda. Pero de la misma manera existimos una tercera vía. Una tercera vía en la que otro tipo de lesbianos y lesbianas compartimos con orgullo una pasión.

En internet se ha convertido en un fenómeno social vinculado a divertimento sin compromiso, pero entre ese tercer tipo de lesbianos hablar de LOL es algo muy diferente. No nos referimos a un montón de carcajadas ni a una risa histrionica, sino al magnético poder de la tijera. A nosotros también nos saca una sonrisa, pero en nuestro caso es más de complicidad y en ciertos momentos de felicidad. Felicidad como la que pude vivir este sábado en la sala La Riviera en el que se ha convertido por derecho propio en el concierto más mágico en el que he estado.

Hoy las calles de Zión cambian de forma y por primera vez en su historia dejan la ficción a un lado para reflejar mi estado de mística felicidad. Puedo decirlo más alto pero jamás podré ser más claro. Love of Lesbian se han convertido en una parte tan indivisible de mi misma existencia como tan sólo puede serlo mi propia alma.

Cuando Santi Balmes y los suyos aparecen en escena mi cara adopta un rictus perpetuo y la sonrisa ya jamás me abandona hasta bastante tiempo después de terminado el concierto. Incluso cantando a voz en grito, desgañitando mi garganta como si no hubiera un mañana continúan mis labios con esa forma ascendente que ilumina cualquier cara. Y es que jamás ha existido un grupo cuyas canciones me identifiquen con tanta precisión, con el que pueda pasar de emocionarme a descojonarme y de nuevo a emocionarme en un instante. Jamás.

Y por eso, hoy en ese pequeño “ipod” que hay a la derecha sólo va a sonar un tema. Un pedazo de magia que pasó de ser mi canción favorita de estos locos catalanes a ser la canción con la que más he disfrutado, saltado, cantado y soñado en mi vida. Una canción que significa tantísimo para mí que no puedo evitar compartirla con todo aquel que por gusto o por azar pase por aquí.

Porque ellos me acompañan en todo momento, porque ellos me animan en los peores instantes de mi vida, porque sin su música la esperanza me habría abandonado hace tiempo, porque en definitiva, y hablando en plata, son los putos amos.

Gracias Santi, gracias Uri, gracias Jordi, gracias Julian, gracias JoanRa y gracias niña imantada, porque sin nuestro eterno conflicto yo no sería quien soy y la música de los lesbianos se que no me llenaría tanto.

 

Y es que al parecer nos sienta bien pelear. Y siempre nos quedará nuestro particular 1999