Vencer el bloqueo
No era más que otra historia inacabada. Uno de tantos prólogos que decoraban hechos una pelota el suelo de la habitación donde se retiraba cada noche para escribir. No sabría decir si en realidad las historias se quedaban inacabadas porque tenía miedo de ir más allá o porque el vértigo de no saber cerrar bien los finales le echaba las manos a la garganta haciendo que sus piernas temblaran y que su vieja pluma firmara el renuncio.
Lo único que sabía es que las historias inacabadas empezaban a fagocitar la estancia. Que el viejo parquet, ese que moría poco a poco por la ironía de no ser nunca acuchillado, empezaba a desaparecer bajo la marabunta blanca de folios arrugados que nunca se movían del cementerio al que estaban condenados.
Y ese día, cuando su precioso gato callejero, ese que sin hablar se había erigido en su maestro espiritual, estuvo a punto de morir ahogado en un mar de celulosa decidió que su bloqueo tenía que acabar. Agarró cuatro o cinco historias que tenía preparadas para que se unieran a ese limbo de palabras que se formaba en su suelo y con rabia y tinta que chispeaba de ira les dió un final.
Sintió que con cada historia que cerraba algo dentro de él se abría. Con cada Fin que escribía su alma se liberaba de esas ataduras pasadas que le constreñian. Y así, saboreando cada gota de su talento y cada fibra de su ser se acercó a su chimenea y pudo darle por fin el descanso eterno que se merecían a todas aquellas historias inacabadas.

Auuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu
24/01/2012 a las 1:34
Alomejor, las historias quedaban inacabadas por todo un poco, una pizca de aquí, otra de allá… quizá todos esos pocos eran los que le robaban tinta a su pluma. Sólo él lo sabe o quizá, el fuego que sentenció aquellas historias también lo sepa ahora.
Es tan bueno volver a verte escribir por aquí… tan tan bueno, que esto se merece un tercio, y un brindis porque vengan muchas más palabras : )
24/01/2012 a las 1:38
Todas las historias tienen su momento; siguen sus propios tiempos… Me alegro de que tu tiempo de escribir historias haya vuelto. Espero que algunas, al menos, las compartas, en vez de condenarlas al fuego.
24/01/2012 a las 1:49